miércoles, 14 de noviembre de 2012

Érase una vez...V

Saludos Lechones!

Hoy os quiero contar un cuento mágico. Aunque la versión más popular de esta obra es de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont la historia original pertenece a la escritora Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve, aunque hay quien asegura que se inspiró en la mítica obra de Apolo y Dafne. Sin más os dejo con el cuento original de...

La Bella y La Bestia:

El príncipe que se convertirá en Bestia es un niño desatendido, perdió a su padre siendo muy joven, y su madre, ocupada en guerras para defender su reino, le puso al cuidado de un hada (la madre de Bella). Una vez el príncipe es adulto, el hada trata de seducirle ya que se trata de un joven increiblemente apuesto, pero al rechazarle éste, el hada le convierte en Bestia dejandole únicamente una rosa embrujada de recuerdo la cual, se marchitaría hasta que el último pétalo cayese y él se convirtiése en bestia para siempre.

Al volver a su castillo, el hada prevee que el príncipe solo amará a Bella, su hija y por ello, llena de celos, trata de matarla. El Rey desesperado por salvar a su joven hija la hace pasar por la hija de un rico mercader del reino pero la belleza de Bella frente a sus otras dos hermanas la hace destacar y rápidamente comienza a tener numerosos pretendientes más ella los rechaza a todos ya que no ven en ella más que belleza y no se interesan por conversar con ella o saber cómo es.

Un día el mercader se dirigió al puerto a recuperar una mercancía encallada en un barco y preguntó a sus hijas qué querían. Sus dos hijas pidiéron joyas y vestidos lujosos pero Bella solo pidió una rosa. Cuando el mercader volvía con las joyas y vestidos recordó el regalo de Bella pero al ser invierno no encontró ninguna rosa. Vagó por el bosque hasta que dio con un castillo abandonado donde entró a refugiarse y allí, en una mesilla a la entrada se hayaba una rosa. Cuando el mercader fue a cogerla una bestia enorme y feroz se lanzó sobre él y lo encarceló por intentar robarle la rosa (encantada). El viejo hombre pidió clemencia ya que era viejo y estaba enfermo y la bestia lo dejo marchar a cambio de una de sus hijas.

El anciano volvió y cuando explicó lo sucedido Bella, que se sentía culpable ya que la rosa era para ella, decidió ocupar su lugar. Al presentarse frente a la bestia esta no le atacó o encerró sino que amablemente la invitó a pasar y le ofreció todos los servicios del castillo para que estuviese cómoda. Como el trato era que no podría salir nunca más, la bestia regaló a Bella un espejo que mostraba todo aquello que quisiése ver.

Algunos meses pasaron y Bella y bestia mantuvieron siempre una relación amable, cariñosa y sincera y la bestia pidió a Bella que se casase con él, pero Bella le rechazó ofreciéndole su amistad pero nada más pues era su prisionera y él su amo. Un día Bella vió en el espejo que el viejo mercader estaba gravemente enfermo y pidió a la bestia ir en su auxilio. Ésta se negó rotundamente pero finalmente accedió a cambio de la promesa de que ella volvería antes del septimo día.

Bella pudo volver a casa del mercader. No paraba de contar a sus hermanastras lo feliz que era con bestia y éstas, casadas ya con hombres que no amaban más que su dinero se las ingeniaron para entretener a Bella que no fue consciente de que habían pasado más de siete días.

Corrió sin perder tiempo hasta el castillo de la bestia pero al llegar esta se hayaba en el suelo sin apenas aliento. La rosa se había quedado sin pétalos justo al septimo día de su marcha y bestia, con el corazón roto por su traición, estaba a punto de morir. Bella lo abrazó y comenzó a llorar. Se lamentaba por su esupidez y pidió que bestia viviése solo para poder casarse con él, pues lo amaba y él la amaba a ella pues la había dejado libre. Cuando sus lágrimas cayeron sobre la deshojada rosa la bestia se transformó en un apuesto príncipe lleno de vida que abrazó a Bella con fuerza.

Bella y el principe se casaron y vivieron felices el resto de sus vidas en el castillo junto a su padrastro el mercader, mientras que las hermanas fueron transformadas en estatuas, pero sin perder la consciencia, para que fueran testigos de la felicidad de Bella.

FIN

Sayuri






Fuentes:

- La bella y la bestia y otros cuentos, Ángel Domínguez, Gaviota, 1992.
- Wikipedia.



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