viernes, 24 de septiembre de 2010

Historias de La Villa. Capítulo III

CAPÍTULO III
La espada del caballero

La historia de hoy es un tanto especial, pues se ha transmitido de padres a hijos y de abuelos a nietos desde hace aproximadamente unos seis años (año arriba año abajo según los historiadores de La Villa).

Dicha historia se encuentra en el marco del reino de Hispalis, bajo el reinado de un reina (valga la redundancia) de cuyo nombre nadie quiere acordarse, la cual se decía que no era precísamente de las más queridas por sus súbditos, debido a la volubilidad de su carácter y a lo extremado de las decisiones que a veces tomaba (decía que era una pena que cuando acostumbraba a uno de sus súbditos a no comer, este, inexplicablemente, se le moría).


Esta reina tenía a su mando a un general excepcionalmente cualificado que se distinguía por su capacidad para solventar situaciones de extrema dificultad táctica con el mínimo de bajas posibles, tanto amigas como enemigas, y también, curiosamente, por su habilidad casi matemática con la espada, lo cual le había ganado el apodo entre el pueblo de “la espada del reino”. Él era uno de los miembros más experimentados de una institución conocida como GUARDIA, que se encargaba de asuntos peliagudos como la seguridad de la reina y de misiones altamente secretas y arriesgadas de escasa moralidad. Nunca se vio demasiado inclinado hacia la magia (alguien de GUARDIA debía saber de todo), pero su gran capacidad física y técnica lo situaban por encima de la media de los otros integrantes de esta institución.

Estos dos personajes, íntimamente ligados por su vida profesional no se guardaban lo que se dice mucho aprecio extraoficialmente (lo típico de cuando nadie mira escupirse en un ojo, dejar caer una espada “sin querer” cuando la otra persona pasa por debajo del balcón...). Así que una acusaba al otro de irreverente y revolucionario y el otro acusaba a la una de despiadada y extremista.

Hasta que llegó un día, nunca se sabrá muy bien por qué, al general se le fue declarado traidor a la corona. Oficialmente se dijo que fue por negarse a cumplir con su deber en una campaña (el enemigo atacó por un flanco mientras el general se dedicó a jugar a la PSP porque “tenía que llegar a un punto de guardar y no lo encontraba”). Pero extraoficialmente se filtró que se debió a que la reina intentó forzar al general a pedir su mano y este se negó (no porque no estuviera buena, sino porque estaba seguro de que al segundo día la había ahogado con la almohada por cansina), y por despecho ella tachó de traidor.
Por ello y por el orgullo que se había transmitido en el apellido de su familia, decidió abandonar el reino que le había dado la espalda y tras despedirse de su amigo saldría a buscar aventuras (y una moza con buenas ubres ya que estaba).

En este pequeño fragmente de cantar que se ha podido conservar (el resto se lo comió un perro o nos da vagueza publicarlo) compuesto por un trovador itinerante (que presenció toda la escena desde taberna que se llamaba “La caverna de Moe”, que casualmente se hallaba en frente de donde discurrieron los acontecimientos) y nos narra cómo fue la accidentada salida de este personaje del reino:

Así, una vez la noche estuvo recién entrada,
ciñose la espada y envolviose con la capa.
Al moguri pidiole que el progreso guardara
y después de que los consejos de este ignorara,
por orgullo al descubierto llevaba la cara.
Con estoica firmeza los pasos encaminaba,
en la quieta noche su resonar se escuchaba
los pasos que, uno tras otro, de su ciudad natal
casi con fuerza invisible lo habían de arrancar.
Ojos asomados , medrosos, en las ventanas,
impotentes, su antiguo héroe contemplan marchar.
Sin volver el suyo mirar ni girar la cara
desapercibida lágrima recorrió la faz.
Sin pena ni gloria, la ciudad atrás dejaba
la que en tantas ocasiones su deber fue salvar.
Hallase ante él al fin el río, y sobre él, colgaba
puente tras el cual las afueras se vislumbraban.
mas voto a Dios que el exilio esquivo se mostraba,
en la otra orilla una roja sombra le aguardaba.
Ni por un solo instante su paso vacilaba,
al desconocido, envuelto en el manto escarlata
si fuera necesario se dispuso a plantar cara.
Con la cabeza alta y la respiración calmada
posó la mano en la empuñadura de la espada.

“¿Sois vos, oh, caballero de tierras castellanas,
de nuesa reina antiguo capitán de mesnadas?”


Tronó una voz de entre el carmín de los ropajes,
era fuerte, robusta, y espetó en tono cortante

“Siendo esto así, atravesarlo no puedo dejarte,
Mas gustoso haré de guía en vuestro viaje al Hades.
Pues nada hay más triste que un sucio traidor infame
Que huye con su nombre en deshonra tras revelarse,
mancillando todo lo que servir significase.
Así, oh caballero, tengo deber de avisarte
que en toda mi vida no he perdido ni un combate.
Y una vez dicho esto, procederé a ajusticiarte.”


Tras escuchar lo que el otro quería expresarle
Nuestro héroe le contestó sin cambiar el semblante:

“Sabed vos, que jamás fui infiel a mis ideales,
que a la reina serví, los días pares e impares,
mas por mucha lealtad que a ella le profesase
mi conciencia es la que manda ante sus malas artes.
Ahora, solo quiero vivir en paz en un lugar aparte,
pero si aun sabiendo esto pretendes atacarme,
ven, mi querido enemigo, pues voy a enseñarte
(cuatro virtudes que un caballero debe armarse)
por qué “espada del reino” se empeñan en llamarme.”


Con esto, el hombre envuelto en el manto colorado
abalanzose dando el discurso por zanjado.
Bajo el manto bermellón, presto cual relámpago
brotó una excelente espada de filo curvado.

“Debo decir, que aunque a esto esté ya acostumbrado,
Extraño sable es ese que portáis en la mano.
¿Cierto es que sois forastero, de un lugar lejano?”

“Contra alguien de allende los mares estás luchando
y que cuando te mate, tu espada habrá tomado”

Pocos golpes se habían aun intercambiado
mas la diferencia entre ellos se había notado.
Por parte del contendiente del bermejo manto
otro filo más tuvo que ser desenfundado.
Acometiendo, retrocediendo y avanzando,
pinchando, cortando, sajando y atravesando,
con cada golpe los filos centelleando,
macabra danza que a ambos tenía enzarzados.
Mas nuestro héroe de un manotazo
lanzó su capa dejándolo al otro cegado
y de un solo tajo hubo cortado un brazo.
Mas en ese lance, siendo este tan arriesgado
la espada del otro el hombro le había punzado.
Viendose el otro sin el brazo tan superado
hundió con fuerza su hoja hasta haberlo atravesado.
Y arremetiendo contra nuestro héroe, desperado
no se detuvo hasta que se hubo precipitado
mas antes de caer, lanzó un último tajo
y cortole limpiamente el pecho de lado a lado.


Triste resultado para el guerrero de oriente y triste para el caballero de occidente, a ninguno de los dos la Diosa fortuna ha querido sonreír hoy. Uno cae al rio y entre las oscuras aguas desaparece, malherido, como reclamado por Poseidón mientras tiñe las aguas de color carmesí. El otro junto a su brazo cercenado, intenta respirar desesperadamente mientras la sangre empapa sus rojos ropajes, tiñéndolas de un tono oscuro y dado la sensación de que poco a poco su vida se apagara. Oh… cuanto sufrimient…
“¿Vas a querer otra birra? Si no, págame”
Moe, vuesa merced si que sabe cómo cortar un punto...

Pero no terminó ahí la suerte de nuestro caballero, pues las ninfas y hadas que habitaban en el río (amen de varias piedras que casi le abren la cabeza) tuvieron en gracia mantener al caballero vivo y transportarlo rio abajo hasta que lo depositaron en una tranquila orilla bajo la sombra de un árbol.
Cuando despertó, aun agarraba fuertemente la empuñadura de su espada, la clavó en el suelo mientras se sentaba pues la cabeza le daba vueltas. Se notaba débil y cansado debido a la cantidad de sangre que había perdido, lo que le recordó la herida de su hombro, la cual, aunque ya estaba casi cerrada, tenía un aspecto muy desagradable, así que arrancandose un trozo de camisa se hizo un vendaje sencillo y se levantó para comenzar a caminar.
Nunca antes había visto tanta cantidad de pinos, pues cubrían hasta donde alcanzaba la vista. Todo era tan verde y de una fragancia tan especial que, mezclado con el sueño provocado por la perdida de sangre, hacia que no distinguiera muy bien si estaba despierto o todo eso era una ensoñación.
Mas de repente algo atrajo su atención: tras unos árboles una figura de negro le observaba.
"¡Os he visto, salid de ahí e indentificaos!" creyó gritar el guerrero, mas de su garganta solo salió un hilillo de voz.
Pero lejos de hacer eso la figura invocó una criatura demoniaca, con grandes garras curvadas capaz de partir a un toro por la mitad, cubierta de pelo y de varios metros de altura.
"Si lo que quereis es pelea, no voy a ser yo el que pierda, criatura de los infiernos!" volvió a intentar gritar el guerrero, más solo un par de resuellos se oyeron, mas lo que ocurrió a continuación fue digno de mención pues aunque se le veía al borde del colapso se desenvolvió mas que de sobra contra la criatura. Se desató entonces una batalla que duró varios días y varias noches, en la que hombre y bestia se debatieron en un sangriento duelo hasta los confines del entendimiento y la razón (eso es lo que siempre cuenta BlackWolf). Lo cierto es que, aunque se defendió bien, a los 5 minutos el hombre y la pobre "bestia" yacían en el suelo con sendos charco de sangre bajo ellos.
Entonces, cuando empezó de nuevo a perder el conocimiento, la figura envuelta en negro se acercó a él le dijo unas palabras que jamás olvidará:

"No veo por qué no... Supongo que debo ser yo quien te dé la bienvenida a La Villa"

BlackWolf

5 gruñidos:

BlackWolf dijo...

Pffff... se acabó el curre. Aquí queda mi pequeño guiño a los cantares de gesta, que mas de una vez me han inspirado en mis historias. Espero que os guste y no os aburra demasiado XDDD.
Un saludo a todos!!!

Anónimo dijo...

lo ke mas me aburrio fue la parte en al ke tuve ke cojer el diccionario para traducir el cantar, pero despues de varias noches en vela de traduccion sin descanso(si lo se, as subido el post hace minutos, y ke?)he conseguido leer el pu****** cantar XD en gneral bastante bien. pero no te lo creas demasiado XD

jorge jaime (alias hohenheim)

BlackWolf dijo...

¬¬ cuando te coja vas a desear no haber escrito eso nunca...

XDDDD

Alicia dijo...

¿Por qué al final mata a Chewaca? Porecico, con lo majo que parecia! XD

Muy bueno, BlackWolf, menudo trabajo!

BlackWolf dijo...

Pues si, ha sido un buen curre.
Algún dia pondremos alguna foto del experimento de Köni, el que me atacó.

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