miércoles, 22 de septiembre de 2010

Historias de La Villa. Capítulo I

CAPÍTULO I
El ninja de la sonrisa eterna

Aun recuerdo como si fuera ayer el día que llegué a La Villa, y cada vez que lo hago, me embarga una gran nostalgia…
...
...
Bueno...
eso es lo que debería decir, pero debo admitir que estando AMORDAZADO (lo cual no me permitía ver, soy así de raro) y medio DROGADO no me deja recordar muy bien la situación…

Lo que sí recuerdo con claridad fue el día de mi reclutamiento.
Fue entre la capital de mi provincia y mis pueblos natales (si Lechones, yo nací en varios lugares al mismo tiempo, lo cual me valió a posteriori para recibir los títulos de moñiguero y panzipelao), un día se nos acercó un hombre de tez MUY morena y vestido de negro y nos dio a probar unos caramelos: unos de color rojo y otros de color azul, entonces mis amigos me retaron a ver quien comía más y... ... ... eso fue lo último que recuerdo, el meterme dos puñados enteros de caramelos en la boca mientras el hombre de negro se llevaba la mano a la cara y negaba con la cabeza.

Después de eso, los recuerdos son confusos y borrosos, se superponen los unos a los otros.
Me encontraba atado a un sillón (muy cómodo y mullido por cierto) mientras unas cuantas personas con papeles me observaban y tomaban notas (posteriormente me enteré de que una de ellas era Königin, la cual fue la que apuntó mi nombre en la ficha de reclutamiento).
Durante esos días interminables me alimentaron con una mezcla de cerveza, gasolina y ositos de gominola, me obligaron a jugar con ellos al Ocalimocho y me hicieron ver imágenes en una pantalla, las cuales recuerdo como flashazos: una bomba explotando, una espada brillando en la noche, a Tinki-Winki, el asesinato de J.F.K., un gato que tocaba una pianola y muchas otras monstruosidades, las cuales no contaré por respeto a los que estéis leyendo esto (si habéis tenido que ir a vomitar, creedme, os comprendo, yo también lo he hecho, así que con permiso, voy a cambiarme las babuchas).


Pero esos días tocaron a su fin tan rápido como habían comenzado, un día me volvieron a amordazar, me metieron en un coche y tras miles de horas a 5Km/h (velocidad calculada por mis sensores internos y por la cantidad de veces que eché la pota), me liberaron de mi prisión y me soltaron en mitad de la montaña.

Allí me presentaron a mi nuevo maestro, El Cerdo Volador, con el cual me dejaron solo para que “nos fuéramos conociendo”. Lo más traumático de todo esto no fue vivir en la montaña, o que mi nuevo maestro de aeronáutica fuera un cerdo con alas, sino que ese pedazo de… CERDO quería hacer cosas “guarras” conmigo. ¿¿A QUIÉN, y pregunto: a QUIÉN podía gustarle revolcarse en el barro?? Como decía Moe: “eso traumatiza a cualquiera”.

Unos treinta años después, cuando cumplí la mayoría de edad ninja y me licencié, urdí un intrincado plan (que incluía un tablón y una piedra) para escaparme de mi cautiverio, pero los de La Villa habían pensado en todo y me entretuvieron con un barril de cerveza, y la verdad, es que no me pude resistir.
Pacientemente esperaron (unos 15 min) a que me pillara un ciego del quince y entonces me metieron en un cajón de correos con destino al “Pais de la chiocolata” y allí me dejaron.

Lo que nunca me dijeron es para qué coj… (¿se puede decir cojones en esta historia?) bueno, para qué me dejaron allí. Desde entonces estoy intentando volver a la montaña para acabarme el barril de cerveza, que aun le quedaba un culín.
El único problema es que, vale que he estado en La Villa, pero no sé ni dónde está ni cómo es, así que no se volver, por lo que sigo vagando por este país…

hasta consumar mi venganza…


contra el maldito barril de cerveza…

Ezepu

4 gruñidos:

Sayuri dijo...

Jjajajajajajjaja... por favor lo que me he podido reir Ezepu. Genial como siempre enviado especial.

BlackWolf dijo...

Jejejeje, asi que conoces al cerdo que apenas se había volado y aun se podía comer, eh? XDDD

Ezepu dijo...

No en vano, apenas se había volado, en algún sitio debió de caer. Fue mi tutor en vuelo a presión, aterrizajes forzosos y barbbacoas. La b extra era para que yo me trajera la bbebida. La otra es una errata.

Alicia dijo...

Jejejeje!! que bueno Ezepu!
¿Sabes que yo soy panzipelá?

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