miércoles, 7 de octubre de 2009

Cuentos populares: Hänsel y Gretel

Esta vez presentamos el maravilloso cuento de:

Hänsel y Gretel

Hace mucho, mucho tiempo, en un lejano bosque vivía un leñador con su mujer y sus dos hijos, Hänsel y Gretel. Al principio, tenían una vida cómoda y llena de lujos ya que la madera era imprescindible. Se usaba para todo; para mesas, puertas, ventanas, sábanas, comida y bebida, muñecas hinchables, ropa, iPhones, peluches, jabones, confortables sofás, etc.
Pero una desafortunada combinación de factores —la crisis, los polihidroxialcanoatos y la deforestación— propició el descenso de la calidad de vida de la familia de manera que no tenían una triste lata de caviar que llevarse a la boca.
Un día, mientras el matrimonio discutía en el dormitorio sobre qué iban a hacer con su actual situación, la mujer tuvo una terrible idea que, aun con todo, acabaría con sus problemas financieros:
—Cariño, no puedes seguir pasando serrín como si fuera opio. ¡El alcalde se va a dar cuenta! —sugirió la mujer.
—¿Y qué aconsejas que haga, palomita? —añadió el leñador— ¡Hay que ganarse la vida de alguna manera! El negocio de la madera va de mal en peor y tu idea de los pasteles de madera no ha resultado muy rentable ahora que alguien del pueblo los hace de plástico!
—¡Tú verás, pero yo quiero un traje de noche que me combine con el mayordomo!
—¿Y ahora qué hacemos? Dentro de nada viene la matrícula de los niños.
—Los niños… —se tomó un momento para reflexionar y agregó— ¡Ya sé! ¡Abandónalos en el bosque!
—¡Pero, cariño! ¡¿Estás loca?! ¡Imagínate que nos los devuelven!
—Asegúrate de que se queden; átalos a cualquier cosa y ya está. —prosiguió— ¡Ya tienen siete y ocho años, ya deberían saber buscarse la vida como yo que, a su edad, ya estaba casada con mi tercer marido!
—No te enfades, mañana mismo me desharé de ellos.
Gretel, que estaba en la sala de estar sisándoles a sus progenitores, se enteró de la acalorada discusión y corrió a avisar a Hänsel, que estaba profundamente dormido sobre una hilera de chumberas. Entonces, Gretel, que era muy lista, tuvo una idea y agarró una bolsa llena de bocadillos de morcilla con mayonesa para ir dejándolos por el camino y, así, saber volver al hogar.
Al día siguiente, el padre de Hänsel y Gretel los llevó al bosque con la excusa de enseñarles su orificio… ¡Huy, perdón! Quise decir “su oficio”. Y Gretel fue dejando discretamente los bocadillos sin que el padre se percatara de nada.
Cuando llegaron a lo más profundo del bosque, el padre los ató a una cabra que vio. Después lo pensó mejor y se llevó a la cabra a casa para que sirviera de cena aquella noche. Luego se dio cuenta de que, sin querer, había llevado a los niños consigo y regresó al bosque a dejar al simpático rumiante mientras sus hijos esperaban en casa. Horas más tarde, cuando cayó en la cuenta, volvió a casa y llevó a los niños al bosque y los ató a un poste. Pero ni rastro de la cabra…
Con el canto de la alondra, los niños despertaron y, de pura hambre, se comieron las cuerdas que los mantenían inmovilizados. Con todavía el último trozo de cáñamo en los labios se pusieron en pie y comenzaron la marcha de regreso a casa siguiendo el rastro de bocadillos y diversos cadáveres de animales.
Anduvieron durante varias horas y, a mitad de camino, divisaron una casa que les llamó la atención por su peculiar forma de Pikachu. Detrás de esa casa descubrieron otra hecha de bizcocho cubierto de chocolate, con el tejado de regaliz y mazapán y las ventanas de azúcar. Pirulís y piruletas cual si fueran abetos se alzaban por todo el jardín donde las baldosas eran bombones y caramelos bajos en grasa.
Al ver la casa, los niños corrieron como posesos hacia ella y comenzaron a comerse todo lo que allí encontraron, incluyendo al pobre cartero.
Una presencia emergió del interior de la casa alertada por los alaridos agonizantes del cartero. Se trataba de una anciana que se apoyaba en una muleta:
—Pasad adentro, niños, ahí es donde tengo los dulces más deliciosos —dijo la vieja. Hänsel entró como un rayo sorteando los restos del funcionario, Gretel vaciló mas la anciana insistió—Tranquila, pequeña, nadie te va a obligar a engordar a tu hermano para que me sirva de cena.
—Ja, ja, ja, ¡qué cosas dice usted!
Gretel entró confiada en la casa de la ancianita encantadora. Pero resultó que en realidad era una bruja que quería comérselos porque su prima Antonia le había comentado que la carne de niño sabe como el pollo y aquella misma mañana se le había acabado el pollo.
Entraron esperando encontrar un banquete preparado para ellos, pero no fue así. La bruja encerró a los niños en la casa, enjauló a Hänsel y obligó a su hermana a limpiar y hacer la comida. El revisor del gas presenció la escena y se escabulló por la ventana de la cocina.
Pasaron los días y Gretel seguía trabajando como una esclava mientras su hermano seguía engordando encerrado en su jaula haciéndose sus necesidades encima. Un buen día, mientras la vieja bruja fea, mongola y tonta estaba viendo “¿Dónde estás, páncreas?”, Gretel encendió el horno a la máxima potencia. Para cuando la vieja percibió el olor, la cocina ya estaba envuelta en llamas y por puro instinto fue a intentar salvar la Baticao. Pero hubo algo en que la bruja no cayó, y es que por todos es sabido que las brujas al contacto con el fuego se queman.
Gretel aprovechó para robar las llaves de la jaula de su hermano que siempre habían estado colocadas sobre un cenicero en el recibidor y sacó a su hermano de la jaula al que llevó rodando hasta la puerta. Luego voló la cerradura con la escopeta que la vieja también había tenido siempre sobre dicho cenicero y salieron de la casa dejando atrás un charco de caramelo líquido que se formaba de la casa en llamas.
La gente le indicó amablemente el camino de vuelta a casa a Gretel, escopeta en mano, y pronto llegaron a su casa donde los esperaban sus padres muy contentos de volver a verlos pues habían comprendido que, en lugar de abandonarlos, sacarían algo más vendiéndolos.


FIN

Moraleja: nunca dejes escapar una cabra.





"Estoy a treinta minutos de allí, llegaré dentro de diez."

7 gruñidos:

mastermoc dijo...

un minuto de silencio por el cartero ..... (cada punto equivale a 12 segundo como todo el mundo sabe)

Nando dijo...

jajajaj lo mejor el final de l cuento y la moraleja. Lo mejor de estos cuentos es que no solo son divertidos sino que educan a los futuros niños y cabreros

monkey d´ luffy dijo...

¡Pero, cariño! ¡¿Estás loca?! ¡Imagínate que nos los devuelven!

hahahahhahahaha me parto hahaha

y moraleja mmuy buena

Takkun dijo...

pobre cartero =,( xDDDD me parto contigo tio xDDD

Rocío dijo...

¡Buenísimo! ¡Me parto con estos cuentos!

Anónimo dijo...

me mueroooo kon el cuento

Anónimo dijo...

no se vale tengo ke aser una obra kon hansel y gretel y soy la mas mala la bruja joajoajoajoajoajoajo kien me puede ayudar???

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